La prevención de la MGF y la transculturalidad

Little African girl crying while getting a checkup.

La mutilación genital femenina, conocida por las siglas MGF, es definida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como todos los procedimientos que, de forma intencional y por motivos no médicos, alteran o lesionan los órganos genitales femeninos, comprendiendo la ablación parcial o total del clítoris. Según datos de UNICEF, más de 200 millones de mujeres y niñas en el mundo han sufrido una MGF y 3 millones de niñas están en riesgo de sufrirla cada año.

Esta práctica, considerada una violación de los derechos humanos de las mujeres y niñas, se lleva a cabo mayoritariamente en la infancia, en el periodo que comprende la lactancia y hasta los 15 años. Es llevada a término por circuncisores tradicionales, generalmente mujeres, sobre todo las más longevas del grupo que asumen también otras funciones en sus comunidades como la asistencia al parto. Aun así, cabe destacar que, en muchos lugares como Egipto, Sudán, Kenya, Nigeria y Guinea, los proveedores de asistencia sanitaria tales como médicos, enfermeras y parteras están sustituyendo cada vez más a los circuncisores tradicionales. Practican la mutilación genital femenina movidos por la falsa creencia de que el procedimiento es más seguro si se realiza en condiciones medicalizadas, lo cual promueve la medicalización de la MGF

Aunque tradicionalmente la mutilación genital femenina ha sido un fenómeno local de la zona del África Subsahariana, actualmente se ha convertido en un fenómeno global debido a los flujos migratorios. Así, pese a constituir una violación de los derechos humanos de las mujeres y niñas, penada por la ley en muchos países europeos, la MGF se sigue realizando en países asiáticos -como la India, Indonesia, Malasia, Pakistán y Sri Lanka-, en países del Oriente Medio -como en los Emiratos Árabes Unidos, Omán, Yemen, Iraq y Palestina-, en países de América del Sur -como Colombia, Panamá, Ecuador y Perú-, y en países de la Europa del Este -como Georgia y la Federación Rusa-, sin olvidar su presencia en otros países occidentales como Australia, Canadá, los Estados Unidos y el Reino Unido. 

Mapamundi de la MGF. Fundación Wassu-UAB y el Grupo Interdisciplinar para la Prevención y el Estudio de las Prácticas Tradicionales Perjudiciales (GIPE-PTP) de la Universitat Autònoma de Barcelona, 2017.

Cabe destacar la importancia que ha tomado España, y en especial Cataluña, en la prevención de la MGF, tal como muestra el artículo Mutilación Genital Femenina: Informe de Evaluación del modelo de actuación de la Generalitat de Cataluña (2002-2018) de la Fundación Wassu-UAB. Históricamente, Cataluña es la comunidad autónoma del estado español donde se concentra más población procedente de los 28 países del África Subsahariana que practican la mutilación genital femenina. Con el inicio de las reagrupaciones familiares y la consolidación de las estructuras familiares, en 1993 se detectaron en las ciudades catalanas de Mataró y Salt, los primeros casos de MGF en España. Es por ello por lo que Cataluña fue una de las primeras comunidades autónomas que estableció un protocolo de intervención. Sin embargo, los protocolos y acciones que se presentaron no tuvieron éxito ya que siempre se llevaron a cabo desde una visión colonialista, que intentó poner la cultura occidental por encima de las demás, focalizándose en el control de las familias originarias de países donde se practica la MGF, llegando incluso a perseguirlas cuando viajaban a su país de origen para evitar que se llevase a cabo la mutilación, en lugar de promover la prevención de la misma. Con lo cual, se obtuvo como único resultado un efecto de rechazo hacia las intervenciones psicosociales propuestas. 

Según el estudio La Mutilación Genital Femenina en España elaborado por Adriana Kaplan, directora de la Fundación Wassu-UAB con el apoyo de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género, presentado el pasado 16 de noviembre de 2020 vía YouTube, actualmente en España 3.652 niñas menores de 14 años están en riesgo de sufrir la mutilación genital femenina. La provincia donde se encuentra mayor número de niñas en riesgo es Barcelona; con un total de 746, seguida por Girona; con un total de 504 y Madrid; con un total de 335.  

Las razones que llevan a seguir realizando la MGF reflejan una desigualdad de género muy arraigada, y constituyen una forma extrema de discriminación hacia la mujer. Del mismo modo, se violan sus derechos a la salud, la seguridad y la integridad física, el derecho a no ser sometidas a torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes, asimismo como el derecho a la vida en los casos en que el procedimiento acaba produciendo la muerte.

Es por ello por lo que se considera de vital importancia su detección precoz, desde el ámbito sanitario, social y educativo. En este sentido, cabe destacar el papel que desempeña España en materia de prevención, concienciación y apoderamiento a las familias migradas. El objetivo es conseguir que, a través de herramientas como el documento del Compromiso Preventivo, que aporta a los progenitores de las niñas en riesgo una justificación de carácter oficial para evitar el enfrentamiento con las comunidades gerontocráticas de donde provienen, que las niñas lleguen de sus viajes a los países de origen de manera intacta, sin que se les haya practicado la mutilación de sus genitales. 

A nivel estatal se realizan diversas acciones preventivas y pedagógicas. Un ejemplo es el acompañamiento de mujeres embarazadas durante su periodo de gestación, en el cual se les informa y conciencia de los peligros que tiene la práctica de la MGF para el futuro bebé en caso de que sea niña. En España, gracias a estas medidas, se ha conseguido reducir un 5% esta práctica, a pesar del incremento de la población de riesgo respecto a los estudios realizados en 2012 por la misma Fundación Wassu-UAB.

La clave es la prevención de la MGF a todos los niveles. Y esto indudablemente incluye el apoderamiento de los profesionales de la atención primaria que están en contacto con estas familias para, tal como dice la directora Kaplan, “no esperar a actuar in extremis”.

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